Una vida corta entregada a su gran Catatumbo
No bastarán las palabras para describir lo que significó Eliécer Guerrero en la región del Catatumbo, ni para enumerar los muchos proyectos y acciones que emprendió desde adolescente para impulsar el desarrollo en la región y denunciar la violación de los derechos humanos de sus gentes. No bastarán las lágrimas para llorar y lamentar su partida, por el vacío enorme que dejó en nosotros, en su familia, en la Mesa Provincial de Desplazados, en el Comité de Integración Social del Catatumbo CISCA, en Ocaña. No serán suficientes los consuelos por el vacío tan grande que dejó en su laboriosa, abnegada y fiel compañera Alcira, y en sus idolatrados hijos, a quienes a pesar de tantas angustias y desvelos, jamás descuidó y siempre prodigó afecto y cariño. Recordamos cómo siempre que hablaba de sus hijitos, lo hacía con la alegría de verlos crecer, avanzar académicamente y contaba con entusiasmo sus “picardías y hazañas”. Pero también lo hacía con la tristeza de no poderles brindar una mejor calidad de vida, pues la violencia y el tener que vivir el drama del desplazamiento forzado sumado a la mezquindad del Estado colombiano, no le permitieron tener un proyecto de vida estable.
Eliécer Guerrero, cariñosamente apodado por sus amigos como “Cachucha” fue un hijo adorado de El Tarra, ese pueblo que lo vio crecer y luchar al lado de sus mejores hombres y mujeres, y convertirse en un líder intachable y aguerrido, quien en ningún momento, ni en las peores situaciones económicas y de seguridad, dejó de pelear por los derechos de sus gentes. Allí, ayudó a construir las organizaciones sociales, las Juntas de Acción Comunal, las cooperativas y tiendas comunitarias. Lideró con especial convicción las muchas marchas campesinas para reivindicar sus derechos ante el Estado y los gobiernos indolentes.
Eliécer fue protagonista de primera fila en la declaración de El Tarra como municipio a principios de los noventa y posteriormente, animó la primera elección de alcaldes en 1992. Con alegría, pero también con nostalgia, contaba para el libro Memoria: puerta a la Esperanza, esa época en la que como resultado del tesón y la fuerza de voluntad de personas como él, El Tarra comenzó a ver llegar el desarrollo. Con orgullo recordaba cómo poco a poco se fueron construyendo, los puestos de salud, el alcantarillado y en fin, la infraestructura de su añorado pueblo natal. Eran otras épocas bonitas, decía...
Eliécer Guerrero, con el empuje de siempre, ayudó a la creación en 1995 del Movimiento Cívico Popular, el cual fue decisivo en la elección de los alcaldes Diosemiro Bautista en El Tarra y Pauselino Camargo en Cúcuta. Posteriormente contribuyó a la propuesta de Asamblea Popular como espacio de participación política, sentando las bases definitivas del movimiento social en la región del Catatumbo. Así transcurrieron sus mejores años, los cuales recordaba hasta en los más mínimos detalles. Nada de lo acontecido en la región escapó a su memoria, nada de lo acontecido en su gran Catatumbo le fue ajeno, ningún proceso organizativo despreció. Pero en el 2002, cuando el accionar criminal del paramilitarismo se tomó el Medio Catatumbo, se tuvo que desplazar con su familia a Convención para no ser una víctima más en medio de la complacencia del Estado. En este municipio permaneció seis meses, pues la persecución paramilitar de allí también lo expulsó. Se desplazó para Cúcuta con otras 25 familias, donde generaron un movimiento de presión a la administración municipal y nacional para reivindicar sus derechos. En el 2003 negociaron con el gobierno nacional un retorno al corregimiento La Trinidad (Convención), pero el Gobierno Nacional no cumplió lo pactado; sin embargo, con su tesón y decisión trabajó para que las familias retornadas continuaran con la construcción de una vida digna, a pesar de la crisis humanitaria. Desde ese caserío impulsó la reactivación del proceso organizativo, apoyó la creación del CISCA y hasta animó el retorno del Festival del Fríjol. Finalmente se asentó en el Aserrío donde también apoyó el proceso organizativo e intentó estabilizarse económicamente pero la pobreza y precariedad económica de la región no se lo permitió, entonces se reintegró con su familia en Ocaña. Desde entonces no dejó un solo día de forjar el movimiento social local y regional, especialmente el relacionado con la población desplazada, yendo de institución en institución, de foro en foro y a todos los debates y actividades que había, para denunciar los atropellos, reclamar los derechos de los desplazados por la violencia, pero también, proponer salidas a los problemas de su venerado Catatumbo.
Eliécer: catatumbero de pura cepa. Batallador de nacimiento. Narrador incansable de historias y anécdotas. Hombre de disciplina para ordenar apuntes y memorias de todas las reuniones para desdoblarlas con las comunidades. Honesto radical. Implacable contra las administraciones corruptas y convencido de una sociedad más justa. Sin embargo, no pudo ganarle la partida a la muerte que le llegó a temprana edad, gracias a la ineficiencia y miserable sistema de salud que tienen los desplazados por la violencia.
Eliécer: Hoy, con los ojos ahogados en lágrimas y la garganta paralizada, lo recordamos como a uno de los hijos grandes del Catatumbo y le agradecemos todo lo que hizo en su corta vida por la defensa de los derechos humanos, por la construcción de una sociedad mejor y el desarrollo regional.
Sabemos que su partida definitiva la sentirá cada uno de los hombres y mujeres que lo vieron nacer, crecer y luchar por la integración y desarrollo del Catatumbo.
Eliécer: no olvidaremos cómo jamás vaciló un minuto en buscar un teléfono, pese a las dificultades, riesgos y peligros, para informar de una situación adversa o el asesinato de un campesino. Le hará mucha falta al proceso organizativo y a ese camino que se comenzó para la reconstrucción de la Memoria Histórica del Catatumbo, pues en eso andaba cuando no dejó…
También queremos decirle a Alcira y a sus hijos, que no olviden la grandeza, bondad y entrega de su padre hacia sus comunidades.
Equipo de Trabajo Región del Catatumbo. Asociación Minga, abril de 2009.