Reseña Histórica
Publicado el Martes, 04 Diciembre 2007 - Escrito por Minga

Sintetizar más de 20 años de historia en unas cuantas páginas, resulta tarea difícil y compleja. Recoger todos los nombres de mujeres y hombres abrazados en la causa de los derechos humanos, durante dos décadas, es más que desafiante. Interpretar y plasmar en pocas palabras los sueños, los tejidos, las tristezas, las búsquedas y esperanzas de tantas comunidades y organizaciones, ciertamente es imposible. Enumerar la infinidad de hechos, eventos y ejercicios individuales y colectivos para enfrentar los impactos de la barbarie cometida por los señores de la guerra, se convierte en una quimera.

La Asociación MINGA nació con la Constitución de 1991, esa que abrió los diques para la participación política de los sectores excluidos por la de 1886: los indígenas, los afros, las mujeres, las diferentes iglesias, y partidos políticos distintos al liberal y conservador. Con ese derrotero,  la Asociación MINGA ha acompañado a organizaciones sociales en regiones como el Sur del Cesar, el Catatumbo, el Magdalena Medio, Santander y Arauca.  Así se construyeron escuelas de líderes, se crearon comités de derechos humanos, cooperativas y tiendas comunitarias, y hasta se alcanzaron administraciones locales, apenas estrenando la elección popular de alcaldes.

Sin embargo, la guerra sucia, impuesta por élites terratenientes, ganaderas y políticas, apoyadas por la fuerza pública y aliadas con mafias narcotraficantes, ya venían impidiendo el surgimiento de dichas participaciones y el ascenso del movimiento social en varias regiones del país: Córdoba, Sucre y Antioquia, por ejemplo. Con la llegada del paramilitarismo al nororiente colombiano, el cual dejó resultados humanitarios devastadores, el trabajo organizativo y popular tuvo que dar paso a las acciones urgentes, las alertas tempranas,  las denuncias,  las misiones humanitarias, la protección directa para salvaguardar la vida de líderes y defensores, entre muchas otras tareas de emergencia. En ese triste trasegar, MINGA aprendió el quehacer del rol humanitario.

Pero la guerra sucia no se detuvo: todo estaba planeado estratégicamente. Llegó al sur del país, y entonces fue el Valle del Cauca, Putumayo, Cauca y Nariño los que conocieron los embates del paramilitarismo. Sin espera, la Asociación MINGA y organizaciones hermanas nacionales e internacionales lideraron misiones humanitarias y hasta diplomáticas en medio de la crisis. En ese caminar se ayudaron a proteger vidas, denunciar victimarios, documentar casos y asistir jurídicamente a las víctimas.

Paradójicamente, siendo Colombia el país de las contradicciones, y las venturas y desventuras al mismo tiempo, comenzando el año 2000, mientras la guerra se mostraba en su máxima expresión, de la mano del incipiente Plan Colombia; los vientos de paz ondeaban por el territorio nacional, pero centrados en el Caguán. En ese contexto, la sociedad civil y el movimiento social le apostaron sin vacilación a la paz. Reunidos en la campaña Paz Colombia se realizaron las gestas más retadoras en incidencia política nacional e internacional, gestión diplomática y movilización social.

Ya bien entrado el 2000 y  con la frustración de la posibilidad de la paz, se exacerbó el conflicto armado y comenzó un periodo aún más complejo. Desde entonces y durante dos periodos presidenciales,  el gobierno le apostó todo a la salida militar, a la militarización de la vida colombiana y ubicó al movimiento social y de derechos humanos, como enemigo de la patria y áulicos del terrorismo. Entonces ya no solo apoyábamos la lucha de los derechos humanos, el alivio humanitario y la búsqueda de la paz; nos correspondió también defendernos de la persecución, seguimiento y la estigmatización. La Campaña Nacional e Internacional por el derecho a defender los derechos humanos en Colombia, y la Mesa Nacional de Garantías, son ejemplo de tales búsquedas.

Aún con ese panorama y pudiendo seguir con un etcétera muy largo del contexto colombiano, el movimiento social no se ha detenido. La Asociación MINGA continúa con su apuesta de apoyar su fortalecimiento y articulación local, nacional y regional. Hoy, el movimiento social se encuentra reactivado y movilizado en función de la defensa de la vida, del territorio, de los recursos naturales, de la soberanía alimentaria, de  la justicia, de la reparación y por supuesto de la paz.

En esta memoria, en este reto que nos hemos propuesto para celebrar nuestros 20 años,  hemos visto como las sentencias de las runas en su momento: el clan y la solidaridad, se han cumplido; la Asociación MINGA siempre ha estado acompañada de organizaciones defensoras de los derechos humanos y sociales; agencias de cooperación internacional, embajadas, cuerpos diplomáticos e instituciones  públicas que creen en la causa de los derechos humanos y a quienes agradecemos profundamente su colaboración.

En estas dos décadas, no menos de 80 personas han pasado por la Asociación MINGA, quienes sabiendo del riesgo de sus vidas, la entregaron dejando un legado de saberes, afectos y edificaciones a las comunidades. Cada hombre y cada mujer que han hecho y hacen parte de esta familia, han sido y siguen siendo protagonistas de esta historia tejida desde la voluntad colectiva, el afecto, el sacrificio, el optimismo, las lágrimas, pero también la felicidad;  con tesón y arrojo pero a la vez con responsabilidad; con la ilusión y hasta con temeridad en momentos donde la vida se salvaba con la vida.

La Asociación MINGA, no puede menos que reconocer y valorar en estos 20 años de labor, la decisión, claridad, gestión, solidaridad y hasta sacrificio de Gloria Flórez Schneider, fundadora y directora durante 18 años de esta, quien nunca dudó en apostarle a la defensa de los derechos humanos en Colombia, a buscar protección para quienes estaban en profundo riesgo y en vigorizar los procesos de resistencia de tantas regiones del país.

Son infinitos los aportes de todas las personas en esta construcción colectiva, desde su papel directivo, político, administrativo, operativo, logístico, investigativo, protectivo, educativo, sociológico,  jurídico, artístico, periodístico, pero sobre todo humano. A ellos y ellas, en realidad un homenaje.

Diana Sánchez Lara

Directora Ejecutiva

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